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Qatar planea usar aires acondicionados para espacios abiertos por el insoportable calor

Una trampa ecológica

Hace calor en Qatar, la nación de Oriente Medio. Demasiado calor.

En las noches de verano, las temperaturas rara vez descienden por debajo de los 32 grados centígrados (es decir, 90 grados Fahrenheit), y durante el día pueden elevarse hasta los 48 grados centígrados (120 grados Fahrenheit).

En respuesta, la nación ha hecho algo que suena absurdo: ha comenzado a airear sus espacios exteriores – una «solución» que, en última instancia, podría exacerbar el calor sofocante.

Una fascinante historia del The Washington Post se adentra en los problemas de temperatura de Qatar, señalando cómo el calor extremo ha puesto en peligro la salud de los residentes de la nación. En respuesta, ha instalado unidades de aire acondicionado en sus estadios deportivos al aire libre, centros comerciales y mercados.

Aires acondicionados como solución podría sólo empeorarlo. (Getty Images)

«Si se apagan los aires acondicionados, será insoportable», dijo al Post Yousef al-Horr, fundador de la Organización del Golfo para la Investigación y el Desarrollo, centrada en la sostenibilidad. «No puedes funcionar eficazmente.»

Los acondicionadores de aire pueden funcionar para enfriar temporalmente a los residentes de Qatar, pero son una trampa ambiental: la nación utiliza combustibles fósiles para generar la electricidad necesaria para hacer funcionar los dispositivos.

Esos combustibles fósiles, a su vez, producen emisiones de carbono, que contribuyen al calentamiento global que está cocinando sus espacios públicos.

Altas temperaturas en Qatar son casi insoportables. (Middle East Eye)

Si bien los signatarios del Acuerdo de París acordaron evitar que las temperaturas subieran a 2 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales, Qatar ya ha superado ese umbral, lo que significa que la situación actual de la nación podría prefigurar la de nuestro futuro.

«Qatar es una de las zonas de aumento de temperatura más acelerado en el planeta, por lo menos al margen del Ártico», dijo el científico Zeke Hausfather, de Berkeley Earth, al diario The Washington Post.

«Las variaciones allí pueden ayudarnos a tener una idea de lo que el resto del mundo puede esperar si no tomamos medidas para reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero».

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